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 ¿ MURGA "ACHIRIGOTADA" ?, ¡¡ NO, GRACIAS !!
02.Comentario murguero | piotino | 14 de Sep de 2009 [ 12:27 AM ]
COMENTARIO MURGUERO
¿ MURGA "ACHIRIGOTADA" ?, ¡¡ NO, GRACIAS !!
Es tan innumerable la cantidad de veces que queda reflejada, en distintos documentos de varias épocas, la reseña de que nuestras murgas provienen de la chirigota gaditana que es totalmente irrefutable tal evidencia. Lo cierto es que, muy pronto, en cuestión de pocos años, nuestras primeras murgas, pese a que en un principio surgieron emulando a la chirigota gaditana, se atrevieron, por fortuna, a innovar esta faceta y dar a estas agrupaciones, - partiendo de igual base -, un cariz distinto y otra forma de ser, un estilo personal y otra forma de hacer humor, de hacer crítica, hasta dejar bien marcadas en la actualidad y de forma muy notoria, por ese proceso evolutivo, las diferencias entre una chirigota gaditana y una murga tinerfeña, creándose así una personalidad y un matiz tan característico y tan peculiar que, ya en la década de los años sesenta, originó una autoctonía o endemismo carnavalero de Santa Cruz de Tenerife que, con el tiempo, con esas mismas formas, se ha proyectado a todos los Carnavales que se han celebrado, y se celebran, en el resto de la isla y del archipiélago canario.
Como es obvio, nuestras murgas, a través de los años, con la lógica evolución, han buscado superación, y por tanto han mejorado, - y a veces cambiado -, distintas facetas en interpretación y presentación, pero, eso sí, siempre dentro de su peculiar estilo. Respetando en todo momento su auténtica y genuina idiosincrasia, sin querer convertirlas en otro tipo de agrupaciones. Así, el disfraz de payaso reemplazó al legendario frac; la seda y la lentejuela desterró a la socorrida tela de saco; la edición de cancioneros abolió la pretérita costumbre de "pasar el sombrero" solicitando compensación económica tras ofrecer sus temas del repertorio; la incorporación de la "música disco", "canción del verano" o de temas de actualidad suplió, - o, más bien, complementó - , al uso casi exclusivo de pasodobles y cuplés; la calidad en dicción y el esfuerzo en la interpretación musical dejó anclado en el pasado el hecho casi intrínseco en nuestras murgas de desafinar y, - salvo honrosas excepciones -, de ofrecer unas letras poco o nada inteligibles; la incorporación de otros instrumentos musicales de percusión hizo posible el que las murgas, hoy en día, gocen de un prestigio musical, y haya quedado en el olvido el "cacharreo" que, durante décadas, definía a la propia murga; la usanza de polifonía o el cantar "a voces" ha dado prestigio y calidad a la actuación de nuestras murgas; y, así, un largo etcétera.
Con todos estos cambios habidos, por respetar siempre el estilo y la propia personalidad de este tipo de agrupaciones carnavaleras, las diferencias entre murga tinerfeña y chirigota gaditana fueron, hasta hace muy poco tiempo, muy notables, y así pudo comprobarlo el propio pueblo de Tenerife cuando, en el año 1976, participó en el Carnaval santacrucero una chirigota gaditana creada en la capital de la isla e integrada por trabajadores gaditanos de la ya extinta empresa "Nuvasa". Con su fino repertorio, y su fiel estilo de las agrupaciones bufas del Carnaval gaditano, el pueblo de Santa Cruz fue testigo, con sus actuaciones callejeras, de las considerables diferencias que existían entre murga y chirigota, a pesar de tener la misma raíz.
Sin embargo, las cosas están cambiando un poco, y, desde hace tan sólo unos años, desde finales de los ochenta, con el plausible afán de superación, los murgueros de hoy en día han puesto sus miras en el Carnaval gaditano, y nuestras murgas están haciendo suyo, cual innovación agregada, peculiaridades de las chirigotas de Cádiz, con lo cual, esas diferencias se han acortado, con el riesgo de que pronto sean algo muy similar. Así, por ejemplo, casi todas nuestras murgas han agregado a su forma de actuar una desmesurada utilización de gestos para dar más fuerza a su espectáculo, o mayor trasgresión a sus letras, sin saber que, por su carácter y personalidad, eso es algo propio y de lo más destacable en las agrupaciones peninsulares. Da pena ver, hasta en nuestras murgas infantiles, cómo a sus integrantes se les exige el gesticular de forma exagerada, pareciendo, en la mayoría de los casos, marionetas cuyas manos penden de un hilo que mueven sobre sus cabezas. De igual modo, sobre todo en las últimas ediciones carnavaleras, se ha observado cómo murgas copian las músicas que emplean las chirigotas gaditanas, sin saber, - tal vez -, que una de las grandezas de estas agrupaciones es que son autores, no sólo de sus letras, sino también de las músicas que emplean, a modo de cuplés y pasodobles, pero siempre creadas por y para el Carnaval de Cádiz, con su estilo propio. Si nuestros murgueros cantan sus músicas y gesticulan igual que ellos, está claro que, ante nuestros ojos, no está actuando una murga tinerfeña, sino una chirigota gaditana interpretando letras alusivas a los problemas de aquí. Si este tipo de actuaciones, encima, como ha ocurrido, son premiadas en el concurso, por el "borreguismo" que también existe en parte de nuestras murgas, - que copian lo que el año anterior obtuvo premio para así poder ser galardonados en ediciones venideras -, es evidente que pronto existirá en Santa Cruz un certamen de chirigotas y no un concurso de murgas; y que la murga tinerfeña, como tal, pasará a ser parte de nuestra historia carnavalera.
Lo más censurable de todo ello es que, con absoluto cinismo, los dirigentes murgueros que realizan estos plagios hacen que sus componentes nos canten, en plena calle y a grito herido, aquello de que nuestro Carnaval chicharrero es el mejor de Europa. Está claro que, si copian del de Cádiz, para ellos mismos el Carnaval gaditano es mejor, ¿o no?. Sería el primer caso que el bueno copia al peor. ¿A quién quieren engañar?. ¿No se están engañando, primero, a ellos mismos?.
Nótese que a lo largo de este comentario para nada he mencionado el posible plagio, - que ha ocurrido en más de una ocasión -, de letras de chirigotas gaditanas o copia de gags humorísticos de "Les Luthiers" o cualquier comedia o película jocosa. Y es que eso es harina de otro costal, pues ello significa entrar ya en el nauseabundo mundo del timo, del engaño y de la estafa, en la materia más sucia y delictiva en la que puede caer el más ignorante y absurdo narcisismo de los que no deberían ser llamados jamás murgueros, ni integrarse como componentes en estos grupos carnavaleros de tan gran solera, historia y arraigo popular; porque, aparte de ser unos auténticos ignorantes quienes realizan tan vil y descalificable actuación, - pues creen que sólo ellos tienen acceso a ese tipo de información y, por tanto, el pueblo llano nunca les podrá descubrir su repudiable acto -, cometen el más grave de los fraudes al Carnaval tinerfeño, una auténtica tomadura de pelo al pueblo santacrucero; ese mismo pueblo que tendrá que oír de sus labios, con sus cánticos enaltecedores, la tan manida e hipócrita frase de "nosotros pasamos de premios; tan sólo salimos para cantar al pueblo, que se lo merece". ¡¡Mentira!!; el pueblo no se merece eso, ni merece que salgan a la calle murgas así.
Ramón Guimerá Peña
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 Ya hay Cartel anunciador del Carnaval de Santa Cruz y de Las Palmas
02.Comentario murguero | piotino | 01 de Jul de 2009 [ 06:52 PM ]
En los últimos días, y gracias a la impagable y altruista labor de nuestros políticos, haciendo un más que plausible sacrificio para asumir la enorme responsabilidad de elegir el Cartel anunciador del Carnaval, relegando de tan ingrata tarea a los verdaderos protagonistas de la fiesta, o sea, los-as carnavaleros-as, decidieron, con su extraordinario talente cultural, creativo y artístico, qué Cartel anunciará las fiestas más importantes de nuestra población: El Carnaval.
Hace muchos años, el alcalde de Santa Cruz, Miguel Zerolo, comentaba públicamente en la radio y en prensa local que, cuanto más polémico y más desacertado fuera el Cartel anunciador del Carnaval, mejor para él y para los suyos, porque el pueblo y las murgas estarían despistadas criticando la obra y la elección de la obra, en vez de dedicar sus letras, su crítica, a la gestión municipal y al alcalde...
Recordando esa frase, y viendo el resultado de la elección del Cartel del Carnaval de Santa Cruz de Tenerife y el elegido para patrocinar, anunciar y representar el Carnaval de Las Palmas de Gran Canaria, cada día entiendo más la frase pusilánime que se dijo en su día... una manifestación cobarde que, a pesar de ello, cada día estoy más seguro que es, o fue, la más inteligente... Y hasta uno se juega el pellejo, culturalmente hablando, si la obra en cuestión la catalogo como... "desafortunada", por emplear el término más suave que encuentro, porque decir que es una "m ierda", como pensamos muchísima gente, es algo propio de una persona inculta, ignorante e insensible ante una obra creativa, preñada de ingenio, agudeza y originalidad, que debería hacer arrodillar a los mortales ignorantes y faltos de sensibilidad creativa, como yo, para reconocer una obra de arte, y que se emperran, como yo, en decir que, "mi vecinita, de dos años de edad, lo haría mejor... y, encima, gratis!!!"...
Siento verdadera angustia cada vez que pienso que soy distinto, que todos son muy cultos y yo muy ignorante, que todos ven en la obra algo que yo no encuentro, la mire por donde la mire, que la obra ofrece un lenguaje o da una lectura que me hace coger complejo de inerte, o de retrasado,...y, probablemente, mi culpa, mi purgatorio, sea el hecho de haber vivido la fiesta, el Carnaval, desde la misma base, sana y natural, sin necesidad de dobles lecturas o complejos análisis p'a entender algo de la fiesta.... el Cartel, bajo mi punto de vista, debería ser como la propia fiesta, o sea, algo directo, sin escondrijos, alegre, sencillo y muy apegado al pueblo, y, muy probablemente, ahí radica su aceptación o su rechazo, o sea, no basta, bajo mi punto de vista, que el Cartel sea creado por una persona del pueblo, sin ser más nada que nadie ni tener más nombre o fama que nadie, pero debe ser elegido por el pueblo, no por aquellas personas que, plagados de una creatividad artística difícil de demostrar, se erigen en los jueces más idóneos para la selección y elección de una obra que nos debe representar a todos y, sin embargo, no goza de la aprobación ni del beneplácito de la mayoría de las personas vinculadas al Carnaval... ¿Qué miedo hay a que la elección de la obra que presentará y representará a la magna fiesta canaria por excelencia, como es el Carnaval, sea elegida popularmente y democráticamente por el verdadero protagonista de la fiesta que es el pueblo?... ¿Por qué no elige el pueblo, en referendum consultivo y democrático, el Cartel que anunciará sus fiestas más importantes?... ¿Qué miedo hay a la consulta popular?... ¿Se creen los políticos de turno más cultos que su pueblo como para decidir por ellos y no delegar esa tarea?.
Nada... lo dicho.... me parece desacertadísima la elección de la obra y, sabiendo lo que se abonará por ella, me parece tan desproporcionado e intolerable como la decisión tomada el año pasado de no abonar, por no tener dinero, el costo de las guaguas, por ejemplo, para trasladar a las distintas agrupaciones del Carnaval para sus actuaciones callejeras o dentro del programa oficial de actos...
Ramón Guimerá Peña
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 ¿ DESAPARECE EL CARÁCTER AMAUTER EN NUESTRAS FIESTAS ?
02.Comentario murguero | piotino | 20 de Jun de 2009 [ 02:15 AM ]
COMENTARIO MURGUERO
¿ DESAPARECE EL CARÁCTER AMAUTER EN NUESTRAS FIESTAS ?
Desde las primeras ediciones de las "Fiestas de Invierno" hasta hace pocos años, ha flotado siempre en el ambiente de nuestro carnaval algo que jamás había cambiado y que parecía imperecedero por ser la propia esencia y personalidad de nuestra fiesta: la calidad de amateur de todos los participantes, el carácter no profesional de cuantos integran, dirigen y representan nuestras agrupaciones; el hecho de asombrar al público con sus actuaciones, su vestuario, su puesta en escena, su interpretación… más acorde de personas que viven de ello, de los que su oficio es ese, cuando, en realidad, siempre se ha tratado de un grupo de personas de diversas ocupaciones y oficios que, robando horas a su tiempo libre y con un admirable y sacrificado altruismo, han dejado boquiabiertos a propios y extraños.
En todas las agrupaciones de nuestro carnaval, cada componente ha tenido su misión, valiéndose de sus cualidades artísticas, artesanas o de otra índole, para realizar los necesarios trabajos de composición de letras, arreglos musicales, confección de instrumentos, attrezzo o complementos del disfraz, y hasta las indispensables tareas de administración, contabilidad, etcétera. Así, a lo largo de la historia de nuestro Carnaval, podemos observar como los letristas, diseñadores, etcétera..., han sido componentes o personas afines o allegadas de cada agrupación. La confección de todos los elementos del disfraz, salvo las labores de sastrería, eran ejecutados por todos los miembros de la agrupación. Cuando estas labores las realizaban personas ajenas a las agrupaciones, más avezadas en ello, como, por ejemplo, poetas festivos o humoristas, - en el caso de las letras -, o profesionales del diseño y del dibujo, - para la elaboración del boceto del disfraz -, siempre se trató de una colaboración desinteresada, utilizada como vehículo para la participación de esas personas en la magnificencia de la fiesta.
Sin embargo, de un tiempo a esta parte, la cosa ha cambiado de forma más que notoria. Nuestras agrupaciones, cual equipo de fútbol que no ha cuidado su cantera ni demuestra interés por la participación de los de casa, últimamente se preparan a base de talonarios, con la chequera presta siempre en la mano, para contratar a profesionales que les realicen el trabajo, o para pagar al listillo de turno que, por haber sido agraciado con premios en anteriores ediciones, pregonan su aureola de distinción para vender sus colaboraciones.
Así, en algunas de nuestras rondallas, por ejemplo, podemos ver como se destina la mayoría del presupuesto, de la subvención económica concedida por el ayuntamiento, para pagar los honorarios de profesionales de la música que actúan en calidad de directores o arreglistas. Nuestras comparsas no se quedan a la zaga, y hacen lo propio para paliar sus necesidades en los puestos de percusionista, teclista, coreógrafo, etcétera... y hasta se ha llegado a contratar orquestas para realizar tal menester en el día del concurso. Un tanto de lo mismo ocurre con las llamadas agrupaciones musicales, pues también es muy usual el pago, por sus trabajos, a músicos y diseñadores y artesanos.
En lo que se refiere a nuestras murgas, la cosa no cambia, aunque a priori pueda parecer mentira, también recurren, mediante pago, a la autoría de músicos para montar sus temas, sus voces; llevándose el palmo el hecho de ser de lo más normal, el pagar verdaderas burradas al listillo de turno por confeccionar las letras, y créanme que no estoy hablando de cantidades económicas testimoniales, sino de gran parte del presupuesto. ¿Sabían que existen murgas que pagan, como si de salario se tratase, a componentes que ejercen una función vital en la agrupación, como la de percusionista, por ejemplo?.
En resumen, creo que es bueno que se sepa que, sin tener nada que ver con lo que en su día se quiso crear como "Casa de Oficios del Carnaval", en los últimos años nuestras agrupaciones carnavaleras contratan y pagan a personas ajenas al grupo para desarrollar una labor, que, hasta no hace mucho tiempo, era realizada por los propios componentes, con lo que se está eliminando de un plumazo una de las bellezas más grandes y admirables que poseía nuestro Carnaval, o sea, el carácter de amateur de todos sus participantes, sean componentes o no; aparte de generar, como puede fácilmente deducirse, una economía sumergida, un dinero negro de no exigua cantidad que podría convertir nuestro Carnaval en una grandiosa tapadera de actividades laboralmente ilícitas, y, créanme, aún no conozco un caso de ejercer tal actividad como solución o medida para paliar una situación económica desfavorable como, por ejemplo, un parado de larga duración o un estudiante con intención de pagar sus estudios. Más bien sucede todo lo contrario, tal actividad la ejercen personas que convierten su oportunismo carnavalero en un segundo sueldo, y, a costillas de nuestras sufridas agrupaciones, hacen el agosto en pleno mes de febrero.
Ramón Guimerá Peña
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 El Representante de las Murgas: Esa figura necesaria pero poco comprendida entre las propias murgas
02.Comentario murguero | piotino | 20 de Apr de 2009 [ 12:35 AM ]
COMENTARIO MURGUERO
"EL REPRESENTANTE DE MURGAS: ESA FIGURA NECESARIA PERO POCO COMPRENDIDA"
Desde que las murgas se vieron obligadas a inscribirse en la Comisión de Fiestas, para poder participar oficialmente en el Carnaval, comenzó a gestarse la necesidad de contar con una persona que aunara criterios entre los grupos y sirviera de nexo entre murgas y organizadores del evento, a la hora de llevar a efecto los preacuerdos alcanzados, sobre todo, en materia de elaboración de las bases del concurso, en las obligaciones contractuales que exigía el hecho de inscribirse o, por citar otro ejemplo, a la hora de fijarse la subvención económica. Así, a mediados de los años sesenta, las murgas, por unanimidad, nombraron para realizar tal menester a su primer representante oficial, el hoy mítico murguero Luis Gangueu, director de “Los Desamparados”, al que siguieron Enrique González Bethencourt, director de la “Nifú-Nifá” (en la década de los setenta, cuando se creó la Comisión Mixta del Carnaval), Rafael Darias, fundador de “Singuangos”, Pedro Mengíbar, - ¡¡Casi nada!!, qué impresionante póker de históricos murgueros, de extraordinarias personas que en su día trabajaron de forma altruista y ejemplar por el bien del colectivo -, Ramón Guimerá Peña y, en la pasada edición del Carnaval santacrucero, Ulises Noda.
Sin embargo, curiosamente, en todos los casos, pese a que todos lograron objetivos importantes que ya son historia en el mundo de las murgas, tras haber batallado por la necesaria y anhelada unión de los grupos, muchas veces se toparon de bruces con el ya manido intento de algunas murgas de anteponer su interés individual al interés colectivo, aun a sabiendas que iba en detrimento del gremio, y hasta con el boicot a su gestión y a la unidad por la incomprensión de quien buscaba en ellos un trato diferencial para su grupo, o un beneficio individual para su murga, aunque ello fuera a costa de las demás, con la frustración de comprobar que todos eran personas íntegras, honestas, honradas, incapaces de realizar cualquier trato de favor ajeno al bien común del colectivo.
En ellos, el resultado fue el mismo: tras una impagable labor por el bien de todos, tras realizar una más que plausible gestión, hartos de tanta incomprensión, de tanta desunión y de ingratos momentos, abandonaron su buen quehacer colectivo para dedicarse a su agrupación, con el desconsuelo y la frustración de los pocos murgueros que sí veían en ellos la esperanza de un futuro mejor en el mundo de las murgas, y que, resignados, como sucede en la actualidad, esperan nuevamente a que aparezca, en otra ocasión, otra persona de talante parecido que en principio no le importe la incomprensión y hasta el vil comentario de quienes no se ven favorecidos o creen merecer más de lo que reciben, de los que esperan que el representante de las murgas se salte la norma o influya para obtener un trato de favor. Y así, seguiremos viendo como, en contra de la gran mayoría de los aficionados, los destructores de este tipo de iniciativas se frotan las manos celebrando la inexistencia de la cada vez más importante y necesaria unidad, por eso, por el “divide y vencerás”. Por este mismo motivo coge fuerza y extraordinario protagonismo, como bien común, la aparición de la Federación Tinerfeña de Murgas, cuyo presidente, Luis Hormiga "Suspi", viene a convertirse en el esperado mesías de la unidad murguera que tanta falta hace.
En los últimos años ha surgido una nueva figura también denominada “representante de las murgas”, o sea, la persona que encarna el DERECHO, la EXIGENCIA de las murgas, plasmada en las bases, de contar con un representante entre los miembros del jurado calificador en el certamen, para que, SIN VOZ NI VOTO, sea testigo de la transparencia y la legalidad que debe reinar en el concurso y en la deliberación y posterior trascripción del fallo.
Este nuevo “representante” surgió como EXIGENCIA de las murgas a la Comisión de Fiestas, a raíz de que se hiciera público el hecho de que, a mediados de los noventa, en una ocasión, responsables de dicha Comisión intentaran que el jurado emitiera un fallo “dictado” por la organización; y, en otra ocasión, a raíz de que un componente del jurado denunciara que su veredicto fue cambiado a la hora de trascribirse el correspondiente fallo. Y así es como surge en los últimos años una figura que, de entrada, es molesta para la Comisión de Fiestas, por ser una EXIGENCIA, y porque su presencia implica poner en duda su imparcialidad y su honradez en la organización del evento; una figura que es molesta también para los miembros del jurado, porque su presencia implica poner en duda su honestidad y su incorruptibilidad, pero, por desgracia, y a pesar de ser un DERECHO de las murgas, también empieza a ser una figura mal comprendida para los murgueros que no salen bien parados con el fallo del jurado, pues, a pesar de saber que es una figura SIN VOZ NI VOTO, se manifiestan diciendo no entender el por qué no ha tenido VOZ para que su conocimiento influya en el veredicto, y depare mejor suerte a su murga, o, peor aún, los que ponen en duda el hecho de que efectivamente no haya tenido VOZ, o sea, los que pongan en duda también la imparcialidad de su propio representante, alusiones que, en más de una ocasión, hacen que la persona se cuestione volver a colaborar o no para el colectivo murguero.
En cualquier caso, y por el bien del espectáculo y de las propias murgas, es indudable que es más que necesaria la presencia de su representante durante el certamen, pero no solamente como mero notario de cuanto acontece durante su desarrollo, en calidad de ser el mejor conocedor de las bases de cuantos se sientan en la mesa como jurado, y en la posterior deliberación de los miembros calificadores, sino, sobre todo, como asesor del jurado y de los organizadores en aquellas cuestiones que escapan a su entender, en cuanto a las bases del certamen por ejemplo, y siempre sin dar su opinión ni influir en la de los demás, pero solventando las lógicas dudas que afloran sobre las bases, forma de puntuar y demás que tienen unas personas que, mayoritariamente, acuden por vez primera a un certamen de murgas, y se les entrega media hora antes de su inicio, en la mejor de las ocasiones, una carpeta enorme conteniendo, entre otras cosas, las bases que apuran a leer por primera vez, y que no logran memorizar y, a veces, entender, algunos puntos de las mismas cuya lectura puede prestarse a una doble interpretación.
Sin embargo, y a pesar de ser una EXIGENCIA de las murgas, a pesar de ser una necesidad para el buen desarrollo del certamen, serán las propias murgas las que, en su día, tal vez dentro de muy poco, pongan fin a este DERECHO, como ya lo hicieran en las ocasiones antes citadas con sus representantes ante la Comisión de Fiesta, y ocurrirá precisamente de igual modo, por no encontrar persona que se preste a ello, pues los comentarios provenientes de algunas murgas, que ponen en duda su imparcialidad, o que ponen en duda la necesidad de su presencia, año tras año hacen mella en los “tontos” ilusos que aún se prestan a ser “representante de las murgas”, pues aún creen en la unidad.
Ramón Guimerá Peña
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 Insignia de Oro de la Federación Tinerfeña de Murgas
02.Comentario murguero | piotino | 16 de Mar de 2009 [ 01:16 AM ]
En la noche del pasado sábado, día 14 de marzo, y en el epílogo de la magnífica Gala de Fin de Carnaval que organizó la Federación Tinerfeña de Murgas, celebrada en el Teatro Guimerá, tuve el grandísimo honor y la indescriptible satisfacción de ser condecorado con la insignia de oro de dicha Federación. A fuer de ser sincero, por mi estrecha colaboración con el neófito organismo que aglutina a nuestras murgas, - con la realización de un libro que aún no ha sido publicado, aunque está terminado, y con la realización de la exposición murguera que se exhibió durante los días de la celebración del Carnaval chicharrero -, en dicha Gala, por el mero hecho de celebrarse, no por otra cosa, esperaba, sinceramente, un reconocimiento a esa labor, bien en forma de comentario público, bien con la concesión de una placa conmemorativa, pero nunca, ni en el mejor de mis pensamientos, albergué la idea de recibir tan alta distinción: ser destinatario de la primera insignia de oro de la Federación Tinerfeña de Murgas.
A lo largo de mi vida carnavalera, si en algo destaqué, creo, fue, precisamente, por intentar siempre cumplir un ideal: el ver unidas a todas las murgas, por luchar por ver algún día el gremio murguero unido, porque en todas nuestras agrupaciones hay excepcionales personas que son realmente admirables como murgueros, como amigos, como personas...
En el Carnaval, como en la vida misma, siempre he sido partidario de la UNIÓN, con mayúsculas, de las cooperativas, de las federaciones que vinculen nuestros grupos para lograr mejores y mayores objetivos, para crear mejor ambiente de camaradería, para trabajar, codo con codo, en los mismos proyectos, para remar con igual esfuerzo en la misma dirección para que, algo tan entrañable y valioso como es nuestro Carnaval, llegue siempre, y en las mejores de las circunstancias, a buen puerto.
También, en mi etapa de murguero inactivo, siempre fue uno de mis grandes objetivos el crear una federación de murgas, pero en todos los casos siempre quedó, por distintos motivos, sólo en un conato, en un pliego de buenas intenciones, con el lógico desasosiego y decepción de no ver hecho realidad tal proyecto. Como han sido muchos los intentos, y muchas las desilusiones, no censuro, ni mucho menos, a aquellas murgas santacruceras que aún, hoy en día, no están integradas en la Federación Tinerfeña de Murgas, sino que, muy al contrario, entiendo su postura y la justifico, porque, muy probablemente, sean las que más esfuerzos realizaron para lograr dicho objetivo y, sin embargo, las más que sufrieron el desengaño, la desilusión y hasta la incomprensión cuando el proyecto quedaba en simplemente eso, un proyecto.
Creo que estamos ante el enésimo intento de constituir y consolidar una Federación Tinerfeña de Murgas, pero estoy convencido de que, en este caso, sí tendrá una vida duradera y una exitosa trayectoria... el éxito de sus acciones y actos programados en tan sólo cinco meses de vida así nos lo hacen presagiar, gracias, en gran medida, al excepcional trabajo y la impagable labor de su actual presidente, Luis Hormiga "Suspi".
Por llevar toda mi vida por bandera el ideal de la unión, por entender que sólo unidos se pueden lograr grandes y mejores proyectos, estoy totalmente en desacuerdo con aquellos que creen que el nacimiento de esta Federación murguera es un obstáculo, un problema añadido, para los gestores, programadores y organizadores de la celebración del Carnaval santacrucero. Por el contrario, creo que, si lo vieran con mis ojos, están delante de la mejor y más eficaz herramienta para diseñar, organizar y llevar a feliz término la celebración cada año del Carnaval de Santa Cruz de Tenerife, única fiesta de cuantas se celebran en Canarias que tiene el rango, la categoría oficial, de ser declarada de Interés Turístico Internacional.
Por afianzarme en mis convicciones de que sólo unidos se pueden alcanzar los mejores y mayores proyectos, no sólo estoy absolutamente seguro de que es necesaria la unión de todas nuestras murgas, sino que, además, en esa unión tienen que estar, deben estar, los distintos organismos de la administración local, insular y autonómica, así como las empresas, públicas y privadas, que tienen algo que ver con la celebración de nuestro Carnaval, porque, creo, estamos todos condenados a entendernos, y a gastar las horas que hagan falta para buscar puntos de encuentro, áreas de consenso, por el bien de nuestro Carnaval. Por ello, desde aquí reitero públicamente mi más sincero testimonio de gratitud a la Federación Tinerfeña de Murgas por haber pensado en mí para realizar los trabajos con los que colaboré para poner mi granito de arena en la feliz constitución de esta Federación y, por supuesto, reiterar mi eterno agradecimiento por otorgarme su insignia de oro.
Ramón Guimerá Peña
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 "EL MURGUERO INTOCABLE"
02.Comentario murguero | piotino | 11 de Mar de 2009 [ 02:33 PM ]
COMENTARIO MURGUERO
"EL MURGUERO INTOCABLE"
En los últimos días hemos sido testigos de cómo los murgueros, que en teoría deben ser las personas más preparadas para recibir, encajar y aceptar una crítica (aunque no se comparta) por el mero hecho de ser, precisamente, el mundo de la crítica la razón de ser de un murguero, han demostrado, sin embargo, ser las personas que peor llevan el que se les critique... Parece que, ser murguero, es ser el mejor y más apropiado personaje carnavalero para realizar una crítica a la sociedad, pero la sociedad (de la que también forman parte los periodistas), no tienen derecho a criticar la actuación de una murga... Repito, no se trata de compartir o de dar la razón a una crítica hecha a una murga, realizada con tanto derecho a hacerla sobre su actuación como los murgueros a criticar un episodio de la sociedad...., se trata de aceptar la crítica, democráticamente, porque también forma parte de un derecho que todos los murgueros exigen, o sea, el derecho de expresión... ¿Cómo pueden exigir libertades a la hora de expresarse y estar en desacuerdo que ese mismo derecho lo utilicen otras personas ajenas a las murgas, como los periodistas, por ejemplo, para hacer crítica de la actuación de una murga?.
Desde el momento que uno asume la responsabilidad de hacer público sobre un escenario el trabajo de varios meses, sean cantantes, actores, artistas, murgueros, etc... también debe asumir que el público, al que se le ofrece el espectáculo, el trabajo realizado, tiene todo el derecho del mundo a aplaudir, si quiere, o a abuchear y silbar, si lo cree oportuno, o a exigir una calidad, si lo cree conveniente.... y también el actor, artista, cantante, murguero... debe asumir que, de ese trabajo que se presenta sobre el escenario, se haga un comentario, una crítica, favorable o no, por parte de la crítica especializada o del periodista que, precisamente, su trabajo es llevar la cobertura informativa de esos eventos...
Tal vez estoy equivocado, pero me parece que se está creando, desde hace unos años, el "murguero intocable"... el que puede mandar un rajazo en sus críticas a cualquiera pero no acepta que cualquiera le critique... Estamos endiosando el papel del murguero, el ser murguero, el carnavalero que cada vez se mira más el ombligo, gustándose a sí mismo y, en plena éxtasis de su narcisismo, pronuncia frases tan gilis como "esto es un sentimiento", "mi sacrificio impagable de tantos meses merece el mayor de los respetos y no merece crítica alguna", "tanto sacrificio merece que todo el mundo se arrodille ante una murga"...... ¡¡qué pena no conocer la verdadera historia de las murgas, de dónde surgen... porque a muchos les sorprendería saber que la murga viene de la clase más sencilla, más modesta y más humilde de la sociedad... y, por eso mismo, ya que son los número uno en hacer crítica, deberían ser los número uno en aceptarla, cuando se critica su actuación..., los primeros en ser ejemplo de cómo se acepta la crítica, aunque no se comparta, porque, sencillamente, es un ejercicio democrático, ¡¡¡y murguero!!!.
En los últimos acontecimientos carnavaleros han aparecido en la prensa local ciertas críticas hacia algunas murgas que, particularmente, no comparto, como, por ejemplo, sobre la actuación de las murgas grancanarias en el Encuentro Regional de Murgas de Candelaria, y, a pesar de estar en desacuerdo con dichas críticas, como murguero y como aficionado las acepto, aunque no comparto, y para nada esa crítica me anima a ir a las barricadas p'a coger las armas y clamar venganza por haberme criticado.
Ramón Guimerá Peña
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 ¿murgas clásicas?
02.Comentario murguero | piotino | 27 de Jan de 2009 [ 12:54 AM ]
COMENTARIO MURGUERO
"MURGAS CLÁSICAS" VERSUS "MURGAS RENOVADORAS"
A lo largo de la historia de nuestras murgas, siempre han surgido, por fortuna, agrupaciones que han sido, con sus innovaciones dentro del gremio bufo carnavalero, auténticos artífices de la evolución de estos grupos de nuestra fiesta, aportando a los mismos un cariz más enriquecedor y, en definitiva, otra forma de ver y entender el fenómeno murga, siempre respetando la genuina raíz y peculiaridad de estas agrupaciones carnavaleras; convirtiéndose por ello, y amparadas por la aprobación de esas innovaciones por parte del público, en cicerone o guía, o modelo a seguir, para las demás. Así, en distintas épocas, han desfilado ante la historia del Carnaval santacrucero murgas punteras como la de "El Flaco", la "Afilarmónica Nifú-Nifá", "Los Chichiriviches", "Los Mamelucos", "Los Singuangos" y "Los Trasnochados", por citar algunos ejemplos. Todas ellas, - y esto puede asombrar a los murgueros de hoy en día, así como a periodistas neófitos en materia de Carnaval -, fueron, en su día, tachadas de murgas "renovadoras" o "revolucionarias", por esas pinceladas de "modernidad" o de cambio que iban aportando al colectivo murguero, por su talante innovador.
Lo cierto es que, todas ellas, desde sus primeros años de irrupción, en realidad buscaron el tener su estilo propio, aportando un cariz diferente al colectivo, pero siempre, repito, sin abandonar la raíz y auténtica esencia de la murga tinerfeña. Cada una de estas murgas, por la aceptación del público y los premios obtenidos en reconocimiento a su aportación de mejoras y calidad artística, fue considerada en su época como agrupación de vanguardia, hasta que, con posterioridad, surgiera otra de análogas características innovadoras, tomando así el relevo de "la renovación" y cogiendo el testigo, o sea, la etiqueta o epíteto de murga "renovadora", pasando a ser ya, su antecesora, una "murga clásica", porque, fieles a su propio estilo, ese mismo que en su día crearon y que las demás copiaron, no asumían las tendencias renovadoras de las murgas neófitas.
Por ello, es bastante curioso el observar como murgas que han sido, durante décadas, las puntas de lanza del gremio murguero, son, hoy en día, calificadas de murgas clásicas, en el sentido peyorativo de la palabra, con grandes dosis de desaprobación. Causa risa, - al menos a mí -, ver como murgas como la "Afilarmónica Nifú-Nifá" es tildada de "murga clásica", "carrozas", etcétera; y ya, hasta murgas más recientes, tan importantes en la historia de nuestro Carnaval como "Los Mamelucos" o "Los Singuangos" han llegado a oír voces manifestando que han estado ancladas en el pasado y que se habían convertido ya en "murgas clásicas", tal vez porque, fieles a su estilo propio que en su día implantaron, no siguieron las nuevas usanzas del gesto desmesurado y la actitud achirigotada que en los últimos años se ha querido imponer en la murga tinerfeña, o el abandono de la crítica sazonada con humor o doble intensión, etc...
Por lo expuesto, es obvio que no creo en la existencia de "murgas clásicas" y "murgas renovadoras", y que, por contra, aquellas que en la actualidad se les tilda despectivamente de "clásicas" fueron, en realidad, las auténticas "renovadoras" e impulsoras del gremio murguero tinerfeño y canario.
Centrémonos, por ejemplo y por unos momentos, en la afamada y mítica sin lugar a dudas "Afilarmónica Nifú-Nifá". A esta murga, y sólo a esta, se le debe el hecho de que el traje de payaso se haya institucionalizado como el genuino disfraz murguero, desterrando el antiguo uso del frac de tela de saco. De igual modo ocurre con el maquillaje de payaso que lucen absolutamente todos los murgueros desde hace décadas, - incluso los actuales, esos mismos que dicen que de la entrañable "Fufa" no se puede copiar nada por ser "clásicos" -, pues en su día, dejaron anclados en el pasado la pretérita costumbre de pintarse patillas y perillas con carbón, e impusieron al colectivo este nuevo maquillaje que ha calado en lo más hondo de la personalidad murguera, en la propia esencia de la murga canaria, hasta el punto de que hoy en día no se concibe una murga sin tal maquillaje, aunque su disfraz no sea de payaso. Así mismo, a esta mítica murga tinerfeña se le debe el hecho de que nuestras murgas editen sus canciones, - aboliendo definitivamente el uso de pasar el sombrero solicitando compensación económica tras interpretar el repertorio -; o de la incorporación, a los entonces usuales instrumentos de percusión de nuestras murgas, otros distintos a los añejos platillos y bombo; o el haber sido, desde sus inicios, la máxima precursora de la afinación y la cuidada dicción en la interpretación musical, - cuando el desafinar y el cantar de forma a veces ininteligible era algo intrínseco en las murgas de antaño -; o la de cantar a dos voces los finales de estrofa o de canción, - siendo los primeros, junto con las murgas "Do-Re-Mi" de Güimar y la "Sol-Si-Do-Si" de La Laguna, en cantar "a voces", como se dice hoy en día -; todo ello demostrable con la audición de sus primeros cassettes (1970) o el primer disco que grabaron (1963), que, hasta en eso, también fue la primera murga en dejar para la historia un trabajo discográfico. Todo ello sin dejar constancia de otras, llamemos "pequeñeces", como por ejemplo, el hecho de haber sido la primera murga que presentó instrumentos de plástico (hoy en día son todas las murgas canarias las que lo hacen), o la primera en tener logo e insignia propia o, lo que es lo mismo, su pin, ese pequeño broche que tan de moda está hoy en día y que la práctica totalidad de las murgas actuales lo tienen, y que los nuevos murgueros coleccionan con tanto fervor, los mismos neófitos murgueros que llaman murga caduca a la gran "Fufa" -. ¿Cómo se puede llamar "clásica", de forma despectiva, o "caduca", a la murga más renovadora, de mayor talante creativo y la más revolucionaria de la historia de nuestro Carnaval?. ¿Tal vez porque no quieren cambiar su estilo propio, ese que todas las murgas copiaron en su día?. ¿Piensan, tal vez, los jóvenes murgueros, que su estilo no tiene ya seguidores?. Ya no es necesario demostrarlo tan sólo con todas sus actuaciones callejeras en cualquier rincón de nuestra ciudad o conociendo la enorme tirada de libretos que publican cada año, baste sólo con acudir a una de sus actuaciones matinales en la histórica y carnavalera Plaza del Príncipe. Eso sí, si es que ese día los jóvenes murgueros no duermen y pueden presenciar tales actuaciones, pues, hasta en eso, hoy en día es la única murga que podemos ver desfilar y actuar también en las mañanas de Carnaval, y de las pocas que actúan en plena calle, sin necesidad de escenario, focos y micrófonos, pues cualquier esquina, cualquier escalinata es el sitio ideal para interpretar su repertorio al público.
Por todo ello, deseo expresar mi gratitud, como aficionado y amante de este gremio carnavalero, a nuestra admirada "Fufa", por no cambiar de estilo, ese estilo que crearon en su día, que tanto ha enamorado y enamora, ese mismo estilo que, durante décadas, ha sido, y sigue siendo, el motivo de que surjan nuevos murgueros, los cuales, desde niño, han soñado en multitud de ocasiones el hecho de incorporarse al mundo de las agrupaciones más carismáticas de nuestro Carnaval, nuestras admiradas murgas.
Ramón Guimerá Peña
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 Comentario Murguero
02.Comentario murguero | piotino | 29 de Nov de 2008 [ 02:06 PM ]
COMENTARIO MURGUERO
EL DISFRAZ EN NUESTRAS MURGAS INFANTILES
Cuando surgieron las primeras murgas infantiles en el Carnaval de Santa Cruz, - a mediados de los años veinte del pasado siglo -, sus formas y estilo eran una auténtica copia de las murgas "de mayores", tanto en vestuario ¡¡como en letras!!. En la década de los años sesenta y setenta, inmersos en las denominadas "Fiestas de Invierno", la cosa varió muy poco, y tan sólo destacaba el hecho de que las murgas infantiles iban mejor vestidas que la gran mayoría de las murgas "adultas", aunque todas con el mismo criterio, o sea, lo que es en esencia el carácter, la personalidad y la razón de ser de nuestras murgas, lo cual se reflejaba no sólo en sus canciones sino también en su vestuario: un atuendo de payaso, o una fantasía con rasgos humorísticos, caricaturescos y, en la medida de lo posible, críticos, y así surgieron disfraces que caricaturizaban, por ejemplo, distintas profesiones, como bomberos, cocineros, jardineros, etcétera.
A finales de la década de los años setenta e inicios de los ochenta, por tratarse de unos tiempos donde lo económico no era precisamente lo más fuerte y nuestro Carnaval necesitaba unas pinceladas de finura y lujo que supusiera un despegue en su esplendor y magnificencia, entre otros motivos, para diferenciarse de otros carnavales que, por aquellos años, reanudaban su andadura en otras poblaciones canarias, tras la llegada de la democracia a nuestro país, nuestras murgas y murgas infantiles, dejando a un lado el carácter caricaturesco y humorístico de sus vestuarios, comenzaron a disfrazarse con fantasías distintas del clásico payaso, pero sin alejarse mucho de éste, con trajes similares de personajes bufos de la historia y de la farándula, como pierrot, clown, arlequín, bufón, etcétera.
En el Carnaval de 1980 la murga infantil "Los Rebeldes" rompió los moldes, vistiendo un original "enano encima de una margarita"; para, al año siguiente, lucir el que, sin duda, ha sido el mejor diseño presentado por una murga infantil en la historia de estos colectivos carnavaleros: su famoso "Alí Jajá y los ochenta payasos", - un payaso cargando sobre sus espaldas a otro -. Sin embargo, lo que nadie supuso entonces es que en realidad se trataba del primer eslabón de una cada vez más desilusionante y manida cadena de disfraces con "patas postizas", y así surgieron, en ediciones posteriores, un payaso encima de un televisor, de un avestruz, de una luna, de un sillón... y hasta de un retrete. El extraordinario murguero y viejo amigo Paco Cortés Aponte, artífice y "alma mater" de esta veterana murga infantil, tuvo varios conatos de retroceder al disfraz murguero, pero sus intentos fueron vanos cuando veía como otras murgas infantiles, en busca del ansiado premio de presentación, eran galardonadas por presentar también diseños con "patas postizas", quedando su agrupación murguera rezagada a los últimos puestos por haber cambiado, por no tener "patas postizas"; y así hemos visto, y sufrido, la imagen de otras murgas infantiles que presentaban y presentan el mismo enano o payasito subido encima de una seta, de una casita de chocolate, de un caracol, de una oca, de una mariposa, de una bruja... y así hasta un largo y penoso etcétera que deja en evidencia total, en los últimos años, el ingenio, la fantasía y la originalidad de los diseñadores.
Pero la cosa, por desgracia, no ha quedado ahí tan sólo, pues otras murgas infantiles, - en la actualidad son la gran mayoría -, buscando alternativa a las "patas postizas", han engendrado, desde la edición carnavalera de 1990, algo sumamente peor: el "niño carroza"; y hemos tenido que sufrir con estupor y rabia la imagen de niños sufridos acarreando, cargando y arrastrando un enorme tomate, un caldero, un coche de bomberos, una cesta de mimbre, un sombrero de paja, un enorme zapato, y así, también por desgracia, hasta un larguísimo etcétera, haciéndonos sufrir la más absoluta indignación cuando, para colmo, el mastodóntico diseño hace caer a más de un niño y hace caminar con enorme dificultad al resto; y con la imagen dantesca de que tan sólo les falta subir encima a los "mascotas" o más pequeños de la murga, tirando serpentinas y confetis, para que el Carnaval de Santa Cruz cuente, de inmediato, con innumerables carrozas menudas, si no fuera porque, para más tomadura de pelo, la gran mayoría de estos niños no desfilan con el traje completo en la Cabalgata, Coso y Coso infantil, pues sus fantasías están diseñadas solamente para el concurso y no para desfilar con ellas, no para recorrer nuestras calles, en definitiva, no para ser utilizados por murgas; demostrando así la ignorancia supina de diseñadores y padres que no saben que un disfraz de murga debe ser, ante todo, humorístico, caricaturesco y, a ser posible, crítico, y, por supuesto, no debe impedir el desarrollar la más intrínseca faceta y razón de ser de nuestras murgas, incluso las infantiles: la de desfilar por las calles con sus cánticos críticos y picarescos, irónicos y humorísticos. En definitiva, el disfraz de una murga ha de ser reconocible como tal de inmediato, y que, aún sin verlos actuar, sin oírlos cantar, cualquier persona que tenga delante un grupo de murgueros los encuadre e identifique como integrantes de una murga, y no como miembros de un grupo de disfraces.
Es evidente que, para mí, en mi modesto entender, debe primar por encima de todo el carácter murguero de los atuendos, tanto en los concursos de murgas adultas como en los de murgas infantiles; que no debe olvidar el jurado calificador que lo que se evalúa a la hora de conceder los premios de presentación son trajes de murgas, no de grupos disfrazados y, por tanto, disfraces que denoten la peculiaridad particular de lo que es y debe ser una murga: algo bufo, humorístico, caricaturesco, picaresco y crítico, lo cual no está reñido con el lujo, la elegancia, la finura y las connotaciones infantiles que se les quiera dar.
En ediciones anteriores hemos contemplado la alta calidad de varios diseños presentados por nuestras murgas infantiles, en algunos casos con enorme trabajo artesanal, digno de toda admiración, capaz de reproducir, con asombroso realismo, la cara de un canguro, de un perro o de un gato, por citar unos ejemplos, relegando a puestos fuera de los premios en litigio a otros diseños inspirados en la filosofía de lo que es y debe ser un traje murguero. Y ello, para muchos aficionados a estos colectivos carnavaleros, no deja de ser algo injusto y fuera de lugar, pues entre ambos estilos, en realidad, existe una gran diferencia: el segundo de ellos, o sea, el diseño con detalles caricaturescos, humorísticos y críticos, es un disfraz ideal para un concurso de murgas infantiles, por las connotaciones que ya he enumerado, mientras que los otros, así como la mayoría de los que se han presentado en las últimas ediciones, son fantasías muy apropiadas para un concurso de disfraces infantiles, en el cual, con toda seguridad y por justicia, obtendrían el máximo premio; pero no así en un certamen murguero... simplemente por eso, por no ser un atuendo murguero.
Ramón Guimerá Peña
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 El Libreto murguero
02.Comentario murguero | piotino | 12 de Oct de 2008 [ 10:28 PM ]
COMENTARIO MURGUERO
EL LIBRETO-CANCIONERO DE MURGA: ESPECIE EN PELIGRO DE EXTINCIÓN
En el pasado “Comentario Murguero” vimos como los murgueros se afanaban, durante meses, en la búsqueda de actividades alternativas, y complementarias a sus cuotas económicas, para originar otras fuentes de ingresos para sus murgas, y así paliar de algún modo el enorme déficit del que parten de antemano, cada año, por contar tan sólo con la subvención económica del ayuntamiento, que siempre ha sido de poca cuantía por los enormes gastos que genera el salir dignamente en cada edición festiva, tal y como demanda nuestro Carnaval. Sin embargo, el recurso más antiguo y de más solera en nuestras murgas, - que se ha convertido en algo intrínseco en este tipo de agrupaciones -, es la edición y posterior venta de sus cancioneros, o libritos que contienen sus repertorios entre chistes y artículos vinculados a este gremio, y que, desgraciadamente, tal tradición está en vías de extinción.
La historia del "libreto de murga" tiene su inicio casi al mismo tiempo que la propia murga; de hecho, la primera agrupación de este tipo que surgió en Santa Cruz de Tenerife, la integrada por los marinos del "Laya", en su segundo año de participación, - surgida bajo el nombre de "Los Delicados" -, editó su repertorio con la finalidad de recaudar fondos en aquel "Viejo Carnaval", tal vez por las precarias condiciones económicas en las que estaban inmersos, y el costo añadido que suponía la impresión de las letras. Sin embargo, con el inicio de las "Fiestas de Invierno", y del concurso anual de murgas, comenzó a tener mayor auge esta usanza. En 1961, cuando las primeras murgas "autorizadas" desfilaban por nuestras calles con sus cánticos, el público solicitaba las letras de sus canciones, sin duda por la gran acogida y aceptación que tuvieron, por lo que la murga la "Afilarmónica Nifú - Nifá", aprovechando que su director era socio de una empresa que tenía una pequeña imprenta, editó unas hojillas sueltas conteniendo las solicitadas letras de su repertorio, consiguiendo que la fábrica de cigarrillos "La Mascota" ayudara a sufragar los gastos ocasionados insertando en ellas un anuncio de tal empresa. Estas hojas editadas por la "Afilarmónica Nifú - Nifá" serían el primer eslabón de una larga y encantadora tradición murguera en las últimas cuatro décadas: la confección de sus cancioneros, o libretos que contienen el repertorio, que, desde su inicio, desterró una de las costumbres murgueras más añejas: el solicitar compensación económica, "pasando el sombrero", tras sus actuaciones. Dicha fórmula fue rápidamente seguida por el resto de estas agrupaciones, y comenzó a mejorarse su presentación, a modo de librito, e, incluso, a insertarse fotografías. Pronto se convirtió en una fuente de ingresos necesaria, con la cual ya se contaba de antemano en los presupuestos para aspirar a mejor vestuario; y, en la gran mayoría de los casos, se creó un triángulo económico de muy buen resultado: los anuncios incluidos en el libreto sufragaban los gastos de su impresión, y la venta de éstos proporcionaba normalmente la cantidad necesaria para pagar la confección de los trajes. En el mejor de los casos, también sobraba algún dinero para una merecida fiesta que los dirigentes hacían para los murgueros, al finalizar los festejos.
Pero, en aquellos tiempos, no era una empresa fácil para las murgas el editar su libreto cada año. Era el producto de varios meses de trabajo, en la búsqueda de firmas comerciales colaboradoras y el proceso de autorización de publicar las canciones por la existencia de "la censura". Durante meses, los murgueros recorrían las calles en busca de la necesaria propaganda, con resultado negativo en la mayoría de los días. Por ello, resulta ineludible el nombrar a un gran aficionado a estos grupos, Manolo Armas, - hijo del gran director Miguel Armas Castellano, de la murga "Marte" -, pues realizó para muchas murgas una labor impagable, que solamente por su gran afición la podía llevar a cabo. Explicando el trabajo que realizaba podemos entender el proceso que la confección del cancionero exigía. Tras buscar arduamente la propaganda necesaria, cuyo importe económico sufragara en su totalidad los gastos de la imprenta, encargaba la hechura de los clichés necesarios para cada logotipo, dibujo o fotografía que las firmas comerciales requerían en su anuncio. Mientras tanto, acudía a "la censura" con las canciones de las murgas, para solicitar la pertinente autorización para ser publicadas. Estrofas de éstas, y hasta canciones enteras, a veces eran rechazadas, obligando a los letristas a modificar lo no permitido, o a componer otras que ocuparan su lugar. Una vez selladas, - sin cuyo requisito las imprentas no se hacían cargo del trabajo -, se llevaban a su impresión. Con los primeros libretos acabados, - antes de retirarse de la imprenta la tirada solicitada, - acompañados de las primeras hojas cuñadas, de nuevo acudía a la Delegación de Información y Turismo para que verificara que se había editado lo autorizado. Estos primeros ejemplares, con su correspondiente cuño, - algunos quedaban en depósito de la citada Delegación e imprentas -, eran los que tenían que llevar siempre consigo los directores de cada murga, pues debían presentarlos en la Comisión de Fiestas, en el concurso y en donde se les exigiera. Manolo Armas comenzó esta labor en la murga "Marte", pero fueron muchas las que se beneficiaron de su gran ayuda, como "Los Diabólicos", "Los Diablos Locos" "Los Triqui-Traques", "Los Desamparados", "Los Caraduras", "Los Piotinos", "Los Chiringuitos", y otras que supieron reconocer su excelente ayuda e inestimable colaboración, otorgando a este gran murguero varias distinciones, algunas tan preciadas y prestigiosas como la de "Chiringuito de Honor".
En el carnaval de 1983, la murga "Los Chichiriviches" tuvo la feliz idea de institucionalizar un premio al mejor cancionero, intentando con ello estimular no sólo el que toda murga lo realizara, - ya empezaba a verse algunas murgas que dejaban de editar su repertorio -, sino el alentar a que lo hicieran con una buena presentación. Esta iniciativa o nuevo galardón que surgía en el espectro carnavalero, en realidad, tuvo una vida efímera, pues no encontró continuadores que perpetuaran tan loable proyecto, cuando la citada murga dejó de participar en nuestros carnavales. Este premio, - que en dicho año se le otorgó, en versión de oro, a la "Afilarmónica Nifú - Nifá", y en su modalidad de plata a la murga lagunera "El Desbarajuste" -, se nos antoja, en la actualidad, como algo digno de rescatarse y, desde luego, muy necesario ante el evidente e inmediato proceso de extinción que vive hoy en día el "cancionero de murga", “o libreto de murga”, pues prácticamente pueden considerarse una excepción las murgas, sobretodo las infantiles, que aún editan su repertorio, por el escaso apoyo popular en su compra, y de las empresas o firmas comerciales en su colaboración económica, dejando de insertar un anuncio de sus productos en estos folletos murgueros.
Hoy en día existe hasta la figura del coleccionista de estos artículos murgueros, e, incluso, en las distintas bibliotecas de la isla, así como la propia Universidad de La Laguna, en la actualidad se está dando un tratamiento idéntico a cualquier libro, en cuanto a protección, catalogación y salvaguarda de los ejemplares que han podido recopilar, sin duda por tener conciencia de que se trata de un legado que debe conservarse, no en vano, puesto que las canciones de las murgas son crónicas, - satíricas, irónicas y caricaturizadas -, de todo lo que ocurre a lo largo del año, puede decirse que los "cancioneros de murgas" son anuarios de la vida insular en clave de humor y bajo el prisma de la crítica.
Para que no desaparezcan, para fomentar su venta y para que nuestro pueblo carnavalero se mentalice de que comprando estos libretos-cancioneros se ayuda sobremanera a nuestras murgas, - y por tanto a nuestro Carnaval -, termino leyendo unos artículos que, en fechas distintas, unos periodistas, conscientes de ello, lo manifestaban en la prensa, (en concreto en "El Día", el 9 de febrero de 1983, y el 30 de enero de 1972), de la siguiente forma: "Desde ahora, las murgas estarán en las calles. Sus letras, contenidas en esos libretos que se nos ofrecen y con los que nos reclaman nuestra colaboración económica, merecen la correspondencia de nuestra atención", ya que "las murgas no viven del aire. El instrumental no les cae del cielo y las gargantas se resecan de tanto cantar. ¡Que nadie se haga el loco a la hora de comprar el folletito de las canciones!".
Ramón Guimerá Peña
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 Comentario Murguero
02.Comentario murguero | piotino | 29 de Sep de 2008 [ 12:14 AM ]
COMENTARIO MURGUERO
LA AUTOFINANCIACIÓN DE NUESTRAS MURGAS
Desde el inicio de las "Fiestas de Invierno", los murgueros han realizado siempre enormes esfuerzos, complementarios a sus aportaciones económicas a modo de cuotas individuales, buscando posibles fuentes de ingresos para paliar los cuantiosos gastos que origina la puesta a punto de sus grupos, con la dignidad y brillantez que siempre ha demandado nuestra fiesta. Así, los murgueros de "Los Desamparados", por ejemplo, en su primer año (1962) tuvieron que vender chatarra y cartón; mientras, otras murgas recogían, por casas particulares, botellas de cristal vacías que, al entregarlas en distintos comercios, obtenían un pequeño beneficio económico. De esta precariedad financiera de nuestras murgas muy pronto se hizo eco la prensa local, con manifestaciones como la aparecida, por ejemplo, en el periódico "El Día", en un artículo publicado el 18 de febrero de 1962 con el título "Preparativos para las II Fiestas de Invierno", que recogía el siguiente texto: "uno de los problemas más importantes de las murgas es la adquisición de fondos para los enormes gastos que significa ponerse en la calle dignamente. Dificultades económicas ya lo creo que tienen, y bastante serias. Pero, sobre todo, van saliendo adelante con muy buena voluntad. Los murguistas, lo que sí son todos, es millonarios en buen humor".
Pronto los murgueros de las primeras "Fiestas de Invierno" comenzaron a percatarse de su importancia en el auge, esplendor y popularidad de las fiestas, de que su participación y su machacona presencia callejera jugaban un importante papel en el éxito de las mismas, por lo que se comenzó a solicitar la necesaria subvención por parte del ayuntamiento, organizador del evento carnavalero. Como esta ayuda económica no llegaba, comenzaron a denunciar el hecho ante la opinión pública, y hasta tomaron varias medidas de presión, como fue el caso de la murga "Marte", cuyos integrantes acudieron al concurso de murgas de 1963 ataviados con una indumentaria impropia para el estatus que ya tenía esta gran murga, y para la calidad que ya se pretendía en aquellas fiestas que pronto adquirieron la categoría de "Fiestas de Interés Turístico Nacional" y, años más tarde, "Fiestas de Interés Turístico Internacional". Mientras, para suplir la ansiada subvención oficial, el resto de las murgas, - como también lo hiciera años antes la propia murga "Marte" -, se vieron forzadas a recurrir a firmas comerciales que, para obtener su ayuda económica, debían hacer propaganda de sus productos en vestuario e instrumental, como recordara el histórico murguero Luis Gangueu en el matutino "El Día", en una entrevista publicada el 26 de enero de 1962 bajo el título "Don Luis Gangueu, alma de Los Desamparados", y es que, precisamente aquel año, 1962, los componentes de la citada murga insertaron en su atuendo un anuncio de automóviles; y de electrodomésticos al año siguiente. La murga "Marte", también en 1962, promocionaron una firma de productos lácteos, y una conocida marca de coñac en 1963. En este mismo año la murga de "El Chucho y sus Afónicos" hizo lo propio con otra marca de coñac, y "Los Megatones" hizo lo mismo con una firma de tabacos.
Evidentemente, la proliferación de este recurso iba ligado estrechamente a una imagen poco estética de este gremio carnavalero y, por tanto, de la fiesta, - no en vano, aquel aún incipiente carnaval santacrucero se estaba convirtiendo en una auténtica fiesta publicitaria, pues hasta la gran mayoría de las carrozas eran verdaderos escaparates o spots publicitarios de las firmas comerciales que las patrocinaban -, por lo que urgía que el ayuntamiento se hiciera eco de las distintas manifestaciones que, durante varios años, habían realizado las murgas. En 1964 llegó la esperada subvención económica oficial, y "se comenzó ayudando a cada murga con 7.000 pesetas", tal y como se recoge en el periódico "La Tarde", en un artículo firmado por Hugo Masandi, bajo el título "Los Desamparados comenzaron ya sus ensayos", y publicado el 6 de noviembre de 1968. Esto auguró, desde un principio, que dicha ayuda se traduciría "en una mejor presentación de los conjuntos y la eliminación de la publicidad a que se veían forzadas, debido a la precaria situación de muchas de ellas", como así lo manifestara el periódico “El Día” en su edición del día 2 de febrero de aquel año, 1964. Ello motivó, además, una modificación en las bases del concurso, agregando que "no será admitida aquella murga que en su vestuario, en sus instrumentos u otros elementos que entren en su composición, denoten anuncio o publicidad de carácter comercial".
Esta subvención no ha dejado nunca de concederse. Por el contrario, cada año, prácticamente, ha sufrido un incremento en su cuantía. Sin embargo, por el loable y plausible afán de superación que ha imperado en nuestros grupos, siempre ha resultado irrisoria, y así lo reconocía la actual concejala de Fiestas del ayuntamiento santacrucero, Maribel Oñate, en una conferencia pronunciada en Viareggio (Italia) en 1988, apuntando que "el ayuntamiento aporta pequeñas ayudas económicas a las diferentes agrupaciones, pero el gasto de éstas es tan grande que la ayuda resulta insuficiente, cubriendo los grupos este desfase con su propio dinero y actuaciones fuera de fechas de Carnaval". Y, en ello, las murgas salen peor paradas, menos favorecidas, pues, mientras que las actuaciones de las comparsas y agrupaciones musicales resultan un número muy apropiado, por ejemplo, en festivales o galas en fiestas patronales de nuestros pueblos, o un llamativo espectáculo para turistas en hoteles y salas de fiestas; o las rondallas, - como corales polifónicas -, suelen actuar durante el año en festivales artísticos o misas cantadas; las murgas, por contra, por su exclusivo carácter carnavalero y su idiosincrasia crítica, muchas veces localista, no tienen marco idóneo fuera del Carnaval que ofrezca, con sus actuaciones, la posibilidad de obtener unos ingresos como el resto de los grupos. Por ello, buscando el mismo fin, han de encaminar sus esfuerzos en actividades más desagradecidas y desagradables a la hora de ejecutarlas, como la venta de rifas, hartangas y diversos artículos publicitarios, como pins, pegatinas, mecheros, bolígrafos, etcétera. También son empleados otros recursos de reclamo a la colaboración ciudadana, como la que realizaba la murga lagunera "Los Calucas", que, como reflejara en su día un artículo titulado "Esta tarde, apoteosis del carnaval lagunero", publicado en "El Día" el 26 de febrero de 1983, salían "sin ninguna ayuda, sólo con el trabajo que supone la venta de dulces durante el año y la celebración de algunos bailes". Otro ejemplo de recursos poco habituales es el que llevaba a cabo la murga "Los Troncopolinos", de Igueste de Candelaria, quienes, aprovechando los conocimientos musicales de algunos de sus componentes, formaron una orquesta o conjunto músico-vocal para adquirir fondos para la murga, actuando en verbenas y fiestas bailables. Tal vez, el caso que más ejemplariza este tipo de actividades no carnavaleras de nuestras murgas, y que nacen con la única finalidad, no lucrativa, de crear fuentes de ingresos, sea el de la murga "Etepe Ka-Koko", de San Andrés, cuyos componentes se vieron obligados a "lavar coches, realizar bailes, vender camisetas, plantas, figuras de porcelana, montar una pequeña tómbola, proyectar películas de cine, etcétera", como así lo hicieron saber en el prólogo del libreto que contenía las canciones que dicha murga editó en los carnavales de 1981.
Con este comentario no he pretendido tan sólo citar alguna reseña histórica o anécdota de nuestras murgas en el apartado económico. También deseo despertar, o avivar, la admiración que todos debemos a estas personas de impagable sacrificio altruista que, durante meses, se ven envueltos en el arduo trabajo y penoso trajín, a parte de las diarias sesiones de ensayos, con el sólo afán de participar dignamente en nuestro Carnaval. Deseo, además, despertar el sentimiento solidario del ciudadano, en calidad de protector de la fiesta, ayudando en tal actividad complementaria que, obligatoriamente, han de realizar nuestras murgas. En los días cercanos al inicio de las fiestas, por ejemplo, prodigará la convocatoria a los actos de presentación de disfraces. No se trata solamente de presenciar un espectáculo, de tener la primicia de contemplar el nuevo vestuario del grupo o de compartir mesa con la familia murguera en una fraternal cena. También, - y de hecho es el auténtico motivo de estos actos -, significa el crear una fuente más de ingresos, otra forma de recaudar fondos, solicitando la colaboración de sus allegados y público en general, deseando tener una masiva respuesta. Desde aquí solicito a cuantos visitan este blog que colaboren con nuestras murgas, acudiendo a alguno de estos actos.
Ramón Guimerá Peña
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 Comentario Murguero
02.Comentario murguero | piotino | 08 de Sep de 2008 [ 10:47 PM ]
MURGAS, O EL NECESARIO ASOCIACIONISMO JUVENIL
Cuando le preguntaban al entrañable amigo Tom Carby sobre el significado que tenía la murga para él, el ya legendario director murguero respondía que era la forma más sana y divertida de vivir el Carnaval, y, sobretodo, el vehículo más preciado que tenía para fomentar el estímulo y la ilusión en una juventud que le rodeaba, presumiendo de acoger a una treintena de jóvenes, - la gran mayoría estudiantes y desempleados -, a los que no regateaba esfuerzos en ayudas, "para que se paguen la guagua y estén en nuestro local, antes que tirados en la calle", tal y como publicaba el periódico "El Día", el 15 de febrero de 1990, en un artículo titulado “Jóvenes y populares".
No hace mucho, en una conversación sobre diversos aspectos de nuestro Carnaval, oí como un matrimonio hablaba con orgullo sobre "la suerte" que habían tenido al integrase su hijo en una murga, argumentando que, mientras que otros jóvenes de su barrio deambulaban ociosos de esquina en esquina, pudiendo ser presa fácil, - decían -, de la droga y de la delincuencia, al estar inmersos en un mundo escaso de valores y lleno de desánimos, con un futuro incierto y poco esperanzador; su hijo, por el contrario, aún viviendo la misma situación de desempleo y de incertidumbre, vivía el día a día de cada año con la ilusión de dar vida, con su actividad y trabajo colectivo, a una institución que vinculaba a jóvenes de su misma edad, de afines condiciones humanas y sociales, en pro de un único proyecto y finalidad: hacer realidad, en cada edición del Carnaval, su murga, y, durante el resto del año, la asociación juvenil que la integraba.
En la inmensa mayoría de los casos, en cuanto a las murgas infantiles se refiere, los padres, conocedores de la importancia que tiene para sus hijos el participar en la murga de su barrio, utilizan el ardid de convertir en premio "el dejarles salir en la murga" dependiendo de la buena marcha o no en sus estudios. En la edición del Carnaval santacrucero de 1996, la murga infantil "Los Melositos" nos deleitó, en sus actuaciones, con una canción que guardaba estrecha relación con este comentario, y remataban la faena argumentando que, en sus casos, pese a "suspender algunas", sus padres estaban contentos de que pertenecieran a la murga, pues así estaban a buen recaudo, "y no tirados en la calle, todo el día, haciendo algo malo".
Sirva todo lo que anteriormente he comentado para demostrar, a quien no ha reparado en ello o simplemente no lo sabe, - curiosamente en este grupo de personas se puede encasillar a más de un político -, que nuestras murgas no sólo son colectivos carnavaleros y sanseacabó; también, y más importante si cabe, son asociaciones juveniles en la mayoría de los casos, con una infinidad de actividades extra-carnavaleras que fomenta la participación ciudadana de una buena parte de la juventud canaria. En ocasiones, sus actividades culturales, deportivas, sociales o recreativas traspasan su ámbito interno, y se manifiestan de cara al exterior participando, por ejemplo, en nuestras Fiestas de Mayo, constituyéndose en parrandas, participando con su carreta en el paseo romero, o compitiendo en los certámenes de comidas típicas, de reina infantil, de trajes típicos o el de cruces de flores; o en las fiestas del Carmen, compitiendo en el concurso de habaneras; o en Navidad, participando en el concurso de belenes o en la cabalgata de Reyes, etcétera…, y es por ello por lo que, en los distintos festejos que se celebran a lo largo del año en Santa Cruz de Tenerife, es fácil encontrar la sempiterna presencia y participación en los mismos de colectivos murgueros como “El Cabito”, “Los Carricitos”, “Guachipanduzy Infantil”, “Los Chiripitifláuticos”, etcétera.
Mención a parte merece la murga infantil “Los Lenguas Largas”, organizadora desde hace años de un macro-festival artístico benéfico cuya recaudación se destina íntegra a proyectos de solidaridad. De igual modo las murgas "Los Bambas" y "Los Bambones" de El Cardonal, pues, durante décadas, no sólo han sido las únicas agrupaciones carnavaleras de tan populoso barrio lagunero, las murgas portavoces de las necesidades y reivindicaciones de los vecinos, sino que, con su constituida "Asociación Infantil y Juvenil", es la mayor y más importante acción social y cultural de este importante sector periférico. Sus actividades, destinadas en gran medida a la población infantil y juvenil del barrio, han sido innumerables. Su local social ha sido, durante años, el centro de actividad y reunión de todos los colectivos de la zona: amas de casa, jubilados, etcétera; así como vínculo de las distintas generaciones de vecinos. Ha sido, en definitiva y en cuanto a acción social, el más importante colectivo vecinal cuando no ha existido asociación de vecinos o cuando ésta funcionaba malamente; el más importante movimiento cultural, deportivo y recreativo ante la escasa o nula existencia de sociedades de tal índole en la zona, ganándose así, año tras año, el aprecio, la estima y la gratitud de sus vecinos; prueba de ello es, por ejemplo, el hecho de que, en enero de 1992, en acto oficial y por aclamación popular, el ayuntamiento de La Laguna cumplimentó el acuerdo tomado en el año anterior de poner el nombre de "Los Bambas" al pabellón deportivo inaugurado en El Cardonal, tal y como recoge el periódico “El Día”, en su edición del 5 de enero de 1992.
Si bien es cierto que la actividad social desarrollada por "Los Bambas" y "Los Bambones" es una excepción, y que no prolifera en demasía las actividades culturales de otras murgas en el contexto municipal, sino que se generan, normalmente, en un ámbito más privado, más interno; no es menos cierto que ello no responde a un "no quiero", sino a un "quiero, pero no puedo", pues, que nadie piense que la subvención económica, que reciben anualmente de la Comisión de Fiestas, da alas a toda una gama de actividades a desarrollar durante todo el año. La realidad, en la mayoría de los casos, es que apenas sufraga el cincuenta por ciento de la cuantía que se necesita para poder hacer frente a los gastos que genera el dar vida a una agrupación carnavalera. Es necesario para ello que otras áreas de la Administración, - concejalías o consejerías de juventud, cultura, asuntos sociales, deportes, etcétera... de ayuntamientos, Cabildo y/o Gobierno Autónomo -, se "mojen" y asuman su compromiso político y social de protección, amparo y ayuda a los colectivos juveniles y asociaciones vecinales; de fomento a la actividad cultural, social y deportiva de nuestra juventud; de estimular la participación ciudadana, a través de colectivos de esta índole, en la construcción de una sociedad más justa, más participativa y rica en la salvaguarda de nuestro acervo cultural. Y es que, en definitiva, nuestras murgas, al igual que el resto de las agrupaciones carnavaleras, son, en realidad, el asociacionismo juvenil que necesita nuestro pueblo, y, - por los tiempos que nos ha tocado vivir y que sufre nuestra juventud -, el que demanda nuestra sociedad.
En las manos de nuestros gobernantes, - de su talante político y de su deseado vínculo, estrecho y cómplice, con las necesidades de los ciudadanos -, está, en gran parte, la solución del tema. Pero, para ello, es necesario que cambien el concepto que de nuestras murgas tienen, que las vean como lo que en realidad son: asociaciones o colectivos juveniles que necesitan y merecen ser tratados como tal, y no, exclusivamente, como una agrupación bufa o juglaresca de nuestro Carnaval.
Ramón Guimerá Peña
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 "MURGAS INFANTILES... PARA MUCHOS, GUARDERÍAS DE CARNAVAL"
02.Comentario murguero | piotino | 03 de Sep de 2008 [ 09:05 PM ]
COMENTARIO MURGUERO
MURGAS INFANTILES... PARA MUCHOS, GUARDERIAS DE CARNAVAL
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Cada vez que presencio el desfile de una murga infantil, a parte de sentir un inenarrable sentimiento de felicidad al ver la alegría e ilusión que reflejan las caras de esos niños que, tras meses de ensayos y esfuerzos, por fin se ven en la calle, con su nuevo disfraz, cumplido su sueño murguero; a parte, repito, ineludiblemente pienso en esos padres, - pocos, casi siempre -, que, en una bella complicidad con la ilusión de sus hijos, y precisamente para hacerla realidad, han estado durante meses, noche tras noche, trabajando incansablemente en el disfraz y demás preparativos para la puesta a punto, digna y brillante, de la murga.
Esa labor y actitud de esos padres, - pocos, casi siempre -, es de lo más loable y admirable que destaca, sobremanera, cuando uno entra en las verdaderas entrañas de la organización y vida de una murga infantil.
Prácticamente, todas las murgas infantiles que han surgido en el Carnaval canario, a lo largo de los años, siempre han tenido una persona "mayor", un padre, un adulto que ha sido el auténtico motor de la agrupación, el "alma mater", sin cuya ayuda no vería nunca la luz esa murga infantil. Por ello, la dilatada historia de las murgas infantiles lleva en paralelo una larga lista de nombres de personas, tantas como murgas infantiles existentes, que han llevado a cabo una ardua e impagable colaboración; colaboración que, sin ella, la participación de tantas murgas infantiles en nuestra fiesta no hubiera sido posible.
Personas que, en realidad, están hechas de una madera muy especial, pues su gran altruismo, sacrificio e impagable colaboración desinteresada no conoce límite, que se desviven por sus agrupaciones con el sólo afán de hacer realidad, año tras año, una ilusión de sus hijos, con la sola recompensa de obtener la gratitud, el cariño y el aprecio de sus murgueros; realizando una labor muchas veces rodeada de la crítica y del vil comentario o la incomprensión de vecinos y otros allegados que no conciben tanto sacrificio, tanto trabajo, sin nada a cambio, sin existir el mínimo ánimo de lucro o el mínimo interés económico. Personas que, durante unos meses, abandonan en cierta forma su familia, su trabajo cotidiano, para poder dedicar ese tiempo a su murga infantil, a la murga de sus hijos. Personas que durante unos meses privan a su hogar del sosiego y hasta de la intimidad normal del año, por convertirse en "cuartel general" de la murga, en almacén, y hasta en taller de su vestuario, complementos e instrumental.
Por fortuna, estas personas, - pocas, casi siempre -, que son los auténticos artífices de cada una de nuestras murgas infantiles -, se ven arropadas cada año con la ayuda de unos padres, - pocos, casi siempre -, que no se contentan tan sólo, como los demás, con "apuntar" a su hijo en la murga, cumpliendo así sus deseos, sino que se ofrecen a colaborar en la ardua tarea de realizar las manualidades que conlleva la confección del disfraz, así como otros trabajos que, cada noche, durante meses, realizan renunciando a su tiempo libre, a las horas de ocio que habitualmente dedican a su hobby, amigos y familia; trabajando, no sólo en el disfraz de su hijo, sino también en el de los otros murgueritos cuyos padres, - la mayoría -, argumentan siempre evasivos y nada convincentes razonamientos para eludir tal compromiso, sin pensar que, si existe compromiso, es precisamente con su propio hijo, pues, desconsolado, comprueba como el padre de su compañero de fila está siempre con él, es cómplice de su ilusión, viajero también en su aventura murguera, co-autor de hacer realidad su sueño y artífice del disfraz que, con tanto orgullo, vestirá en Carnaval.
Cuando por fin llega el Carnaval, cuando llega la hora del trajín diario de actuaciones, desfiles y demás movimientos de la murga infantil, sus integrantes cuentan de nuevo con esos padres, - pocos, casi siempre -, que los atienden, los cuidan, los protegen y los asisten; y, fíjense, ¡¡qué casualidad!!, esos pocos padres que rodean a la murga infantil en todo momento, que están pendientes, no sólo de sus hijos, sino también del resto de los componentes, son los mismos que, días atrás, durante meses, han estado trabajando arduamente para la murga infantil, porque tampoco cuentan en esta ocasión con el apoyo, la colaboración y la ayuda del resto de los padres de los ilusionados murgueritos, ya que, de nuevo, éstos aluden argumentos evasivos para realizar tal tarea. Y así vemos a esos pocos padres como, a los ojos del resto, asumen voluntariamente las responsabilidades en el cuidado de todos los niños de la murga, atendiendo sus necesidades y salvaguardando su integridad.
No es nada raro ver como, para más abuso, incluso de su propio bolsillo sale el dinero que supone dar a los murgueritos una pequeña merienda, porque son incapaces de comprar un refresco o un bocadillo a sus hijos y a los demás no.
Mientras, los demás, o sea, el resto de padres, - la mayoría -, han utilizado a la murga infantil, cual guardería abierta en días de Carnaval, como un órgano custodio de sus retoños, y así, sabedores de que están perfectamente y a buen recaudo, se divierten y disfrutan del Carnaval, en algún baile de una sociedad o con el grupo de amigos en improvisado tenderete. Para colmo, muchos de ellos llegan excesivamente tarde al punto acordado de antemano para recoger a sus hijos, cuando las actuaciones del día han concluido; y así solemos ver de nuevo a aquellos padres, - pocos, casi siempre -, que no tienen derecho a su merecido descanso o a su más que merecido disfrute individual del Carnaval, pues están, durante horas, cuidando a aquellos niños cuyos padres, - la mayoría -, todos los años tienen "problemas con el tráfico" que les hace ser "involuntariamente impuntuales". Algunos se llevan el niño ya hasta cenado, pues los otros padres no han podido aguantar la imagen de la criatura cansada y soñolienta, con ganas de cenar y acostarse, en la interminable espera de la llegada de sus progenitores.
Sirva este comentario para despertar la conciencia de esos padres, - la inmensa mayoría -, que, hasta para los ojos de sus propios hijos, han sido ajenos a la aventura y al enorme esfuerzo que supone hacer realidad la ilusión de esos niños murgueros, o sea, dar vida a esa murga infantil. Si es verdad que durante los meses de ensayos y preparativos les fue imposible echar una mano, quizás cuando lleguen los días de fiesta puedan comprometerse en ayudar y colaborar con esos otros padres, - pocos, casi siempre -, que han llevado sobre sus espaldas, durante meses, la ardua tarea emprendida. Con ello lograrán también que su hijo los vean más cercanos a él, no ajenos a su mundo, a sus ilusiones... porque, si no es así, ¡¡no les queda nada cuando esas criaturas tengan quince o veinte años!!, pues, cuando quieran ser amigos de sus hijos, cuando deseen ser cómplices de sus vidas y andaduras, o compañeros en primera línea de sus aventuras y testigos de excepción de sus decisiones y proyectos, tal vez, por la falta de costumbre, esa actitud reciba la respuesta fría y distante de quien, de pequeño, de murguero, ha deseado, pero jamás ha tenido, una actitud similar.
Ramón Guimerá Peña
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